miércoles, 17 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
Él era un bellaco, ella una chica derrotada.
Era una fría mañana de diciembre, cuando se despertó, tal y como ella esperaba, él ya no estaba a su lado. Maldito mentiroso. Era un asqueroso mezquino, egoísta e insensible. Ella hacía tiempo que conocía su secreto, aquel secreto que la corroía y la mataba por dentro, que la hacía llorar todas las noches cuando él casi la ignoraba. El muy bellaco se había cansado de la rutina, de la continuidad, se había cansado de los mismos labios y la misma sonrisa. Le reprochaba continuamente sus defectos, aquellos que al principio eran perfectos. Era tan ruin que no se dignaba a confesarle la verdad, a hablar con ella; se dedicaba a hacerle creer que todo seguía igual, cuando ella sabía que todo era completamente diferente. Sin embargo, había aguantado tanto tiempo porque a pesar de todo el dolor que le había causado, para ella, él seguía siendo un milagro en su vida. Ya conocía que no se conformaba, que no era hombre de una sola mujer. Y cuando cada amanecer desaparecía, para no volver hasta ya bien entrada la noche, a ella le daban ganas de ahorcarlo, de matarlo con sus propias manos. A pesar de eso, se tragaba sus ganas de acabar con todo y guardaba la esperanza de recuperarle.
No obstante, aquella mañana todo era diferente, había decidido que no continuaría más con aquella farsa, con aquella situación tan injusta que clamaba al cielo. Y así, cuando por la noche, él volvió a casa, se encontró únicamente con el silencio y el vacío de una casa en la que ella ya no estaba. La pobre chica comprendió que los milagros, realmente no existen.
Había decidido empezar de cero, irse de su lado, para no volver jamás.
No obstante, aquella mañana todo era diferente, había decidido que no continuaría más con aquella farsa, con aquella situación tan injusta que clamaba al cielo. Y así, cuando por la noche, él volvió a casa, se encontró únicamente con el silencio y el vacío de una casa en la que ella ya no estaba. La pobre chica comprendió que los milagros, realmente no existen.
Había decidido empezar de cero, irse de su lado, para no volver jamás.
En qué estación está...
De mi propia cosecha,
Dolor,
Mis textos
domingo, 14 de abril de 2013
Alejandro Sanz
Tengo la firme convicción de que si estás me consolido; y la sospecha de que ni sospechas cuánto te amo, sólo me he dejado llevar por el instinto. Alimento mis defecto, no quiero ser perfecto, la luna es testigo de mis noches más frías. Que el dolor cuando es por dentro es más fuerte. Una palabra a veces ríe y a veces llora, pero una nota siempre es una gota de mi alma que se evapora. Te dejaré una ilusión envuelta en una promesa de eterna pasión. Los paisajes más bellos están en las mentes de los ciegos, no hay luna más hermosa que la que se refleja en tu mirar. La palabra amor esta demasiado usada yo diría que
En qué estación está...
Canciones,
De mi propia cosecha,
frases,
Mezclas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



